
El mensaje que me mandó Claudia Torres el día después de mi cumpleaños
Un día después de mi cumpleaños me llegó un mensaje de alguien muy especial: Claudia Torres.
Claudia es hoy una mujer que se animó a hacer algo que muchos profesionales sueñan pero pocos se permiten: irse ocho meses a Toronto a transformarse.
Su mensaje decía, entre otras cosas: "Dios te cuide siempre, la vida te colme de todas las cosas que quieres para cumplir tus metas y proyectos. Gracias por hacernos cumplir sueños."
Lo leí dos veces. Después tres.
Lo que ese mensaje no mencionaba
No hablaba del curso. Ni del inglés. Ni del trámite. Ni del país.
Hablaba del proceso invisible que vive alguien cuando se atreve a poner su vida en movimiento.
Yo no conocía a Claudia antes de que viajara, como no conozco en persona a la mayoría de mis estudiantes antes de que se vayan. La conocí en Toronto, mientras vivía su experiencia. La vi segura, fuerte y sólida con su inglés.
Claudia no solo buscaba perfeccionar un idioma. Buscaba encontrarse, expandirse, probarse a sí misma que podía vivir en un mundo más grande que sus propios miedos.
Y lo hizo.
Por qué un mensaje así pesa más que un agradecimiento de cortesía
Lo que agradece Claudia en ese mensaje es el puente: ese empujón inicial que la ayudó a encontrarse con la versión más valiente y más libre de sí misma.
Cuando alguien te escribe "gracias por hacernos cumplir sueños", te está dejando un recordatorio de lo que importa en este trabajo, mucho más allá de cualquier saludo de cumpleaños.
Gracias, Claudia. El sueño lo cumpliste vos.
¿Cuál fue el mensaje que alguien te mandó, mucho después de haberlo acompañado en algo, que todavía llevás encima?
